Hace unos días aprendí que yo era mi propia luz, que yo soy mi propia guía, que soy polvo estelar. Que esa extraña sensación de mirar al cielo y contemplar las estrellas es porque en el fondo sabemos de donde venimos y quiénes somos, pero saberlo no nos hace más sabios, por eso venimos a aprenderlo.
Hay lecciones que son duras, hay lecciones que me cuesta tanto aprenderlas, pero sé que todo lo puedo si es que tú estás conmigo, a pesar de mi necedad. Y así como descubrí que la suma de todos siempre será uno, que la luz que me guía proviene de mi propia mano, permíteme ser luz para alguien más, déjame ser su compañera fiel. Un ángel de luz que guíe sus pasos, que le otorgue claridad, que le entregue ese amor incondicional del que tanto hablamos y que pocas veces es manifestado. Una luz necesaria.
En cuanto a mí, solo dótame de más paciencia para poder continuar con la dura jornada, y sobretodo llena mi corazón de perdón para nunca albergar resentimientos en el. Gracias por siempre permanecer a mi lado, gracias por confiar en mi, encargándome cada vez misiones más dificultosas porque confías en que saldré victoriosa, gracias por considerarme apta y darme todas las oportunidades que se me presentan en la vida. Gracias por tu perseverancia, gracias por estar juntos en el camino, porque yo quiero aprender de ti.
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